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martes, 9 de septiembre de 2014

La revolución urbanística del siglo XIX.

A lo largo del siglo XIX el mundo occidental conoce una profunda y completa transformación que renueva los cimientos de Europa y cambia la realidad: instituciones, economía, sociedad,...y también aspectos urbanísticos donde a partir, sobre todo, de la revolución demográfica se intentaba resolver los problemas derivados del crecimiento urbano en ciudades que, cada vez más densamente pobladas, no cuentan con alcantarillado, pavimentación,...

Avenida Miguel de Cervantes (Foto: JCCanalda)
Aunque la Avenida Miguel de Cervantes fue inaugurada en 1912, el proyecto estrella de esta revolución urbanística tuvo sus inicios a finales del siglo XIX como Avenida de la Paz, para conmemorar la Tercera Guerra Carlista, con la intención de crear un rápido acceso al centro del núcleo urbano. En febrero de 1876, bajo el mandato del alcalde Francisco Rodríguez Chacón, se aprobó la idea de apertura de esta vía pero sería durante la alcaldía de Francisco Torres Rodríguez cuando se le dió impulso definitivo adquiriéndose fincas, retranqueándose fachadas o derribando viviendas.

La transformación urbanística, aparte del ensanche ecijano, se completó con otras actuaciones. De las más importantes fueron las realizadas sobre las murallas que rodeaban la ciudad, propiciando cambios en la morfología urbana. El grueso de las actuaciones obedeció principalmente al avanzado estado de ruina que presentaban los lienzos de murallas, por ejemplo en las calles la Marquesa, Merinos o la Calzada. Las demoliciones permitieron la ampliación de nuevas vías, el ensanche de otras y la creación de plazas. Como resultado nació la plaza de Puerta Osuna, se amplió la entrada de la calle del Conde, se abrió un amplio espacio en el barrio del Puente y quedaron pendientes otras obras, como en la zona del Arco de Belén. 

Otro aspecto que influyó directamente en esta remodelación de la ciudad fue la revolución de los transportes. Las últimas décadas decimonónicas coincidieron con el trazado de la Nacional IV, Madrid-Cádiz, que atravesaba la ciudad. También el desarrollo de la industria siderúrgica y metalúrgica favoreció la extensión (incluso por encima de las necesidades del país) de las líneas ferroviarias que, en el caso de Écija, comenzaron a explotarse alrededor de 1864. 

No quedaron aquí las intervenciones en el siglo XIX, merecedoras más de una de ellas de uno de nuestros artículos. Junto a las anteriores, la creación de la Plaza de Abastos, la remodelación de la Plaza Mayor, el proyecto del Cercado de la Misericordia, incluso las últimas grandes actuaciones de la Iglesia (Santa Bárbara, San Felipe Neri y Santa Cruz) cooperaron para transformar la morfología de la ciudad y acercarla a su realidad presente.

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