lunes, 19 de mayo de 2025

Entre rejas y ruinas.

El tema de este artículo debía ser la antigua cárcel de Écija, no aquella que todos ubicamos fácilmente en Puerta Cerrada, sino de otra anterior, una más difícil de localizar porque, a medio caballo entre la Edad Media y la Edad Moderna, se encontraba en diferentes dependencias propiedad del cabildo municipal. ¿Y por qué debía pero no va a ser? Porque mientras nos documentábamos para poner en contexto la historia de esta institución, nos han parecido tan interesantes los datos que hemos ido recopilando que la cárcel vieja tendrá que esperar a una nueva ocasión y en esta entrada os contaremos cómo se organizaban las cárceles en la Castilla de los siglos XIV, XV o XVI.

Vista de la cárcel de la corte de Madrid
Louis Meunier
El concepto de cárcel de aquella difería bastante del actual. La privación de libertad y permanencia en la cárcel no constituía una pena en si, no era una forma de pagar tus delitos. Más bien, la estadía en este lugar era el paso previo a cumplir con la condena en si. Entre sus muros los reos pasaban los días hasta que se decidía qué se haría con él, cuál sería su condena y, en definitiva, asegurar la disponibilidad del enjuiciado en el momento de ser juzgado. 

Tal vez por ese mismo motivo, ser lugar de paso, no existía preocupación alguna por mantener en buenas condiciones el recinto carcelario. La cárcel no era un edificio aislado y alejado de la ciudad sino que hablamos de calabozos pequeños, sótanos de edificios públicos o mazmorras en unas condiciones de insalubridad patentes y extendidas por toda la península Ibérica. En la propia cárcel de Écija existen testimonios de muros en evidente riesgo de derrumbe, de puertas que por su mal estado facilitaban la huida de los presos o de acumulación de excrementos y orines que no permitían el paso por el mal olor que existía.

Los motivos para acabar en la cárcel eran diversos: robos, hurtos, agresiones, adulterio, atentados contra la vida, alteración del orden público... También se "liberaban" las calles de mendigos o prostitutas. En el caso de prisioneros por deudas, las condiciones de hacinamiento, convivencia con parásitos, habitaciones malolientes... podían aconsejar un pronto pago para liberarse de la inmundicia. Otro modo de presión para los malos pagadores era encarcelar a hijos o mujeres hasta que quedaba demostrado que no tenían bienes propios con los que satisfacer la deuda de su padre o marido.



sábado, 10 de mayo de 2025

Cuando perdimos la cruz de San Juan

 Tan solo con leer el título de nuestra entrada cualquier cofrade ecijano sabe de qué vamos a escribir. Exactamente. Hoy nos vamos a detener en cómo una joya de plata y carey, la cruz que pertenecía a la hermandad de San Juan se perdió y desde hace más de cincuenta años forma parte central del patrimonio de la cofradía de las Penas de San Vicente de Sevilla.

Siguiendo lo recogido por el historiador Gerardo García León, la cruz había sido encargada en1734 por el Marqués de Alcántara del Cuervo, por aquel entonces hermano mayor de la corporación ecijana. Aunque durante cierto tiempo se habla de orígenes americanos, en realidad, fue encargada al maestro ebanista Juan Francisco de Pareja, vecino de Andújar. Desde entonces, la cruz se utilizó tanto para los desfiles procesionales en la madrugada del Viernes Santo como durante el tiempo que la imagen permanecía en su camarín.

Jesús Nazareno de San Juan
con su antigua cruz
(Laboratorio de Arte)

Así llegamos a 1958. En ese año se decide ampliar la canastilla del paso del Nazareno y se modifica la posición del Señor. Algunos estudiosos hablan de una "granpoderización" de la imagen y, como en el caso de Jesús del Gran Poder, se intenta conseguir una sensación de avance inclinando ligeramente el torso. Con estos cambios y la ampliación de las andas, la cruz queda en desuso y es sustituida por una cruz arbórea de dimensiones más acordes con el nuevo paso.

Es en este momento cuando debemos introducir en esta historia a Ricardo Comas, pintor y profesor de dibujo que realiza, en aquellos años, diferentes encargos para Écija, entre ellos la decoración de la iglesia de San Juan. No es muy descabellado concluir que durante sus trabajos, Comas conociera de la existencia de la joya que poseía la hermandad de San Juan y que, sabiendo también del crecimiento que estaba viviendo en aquellos momentos la corporación de San Vicente, avisara a Juan Carrero, uno de los artífices del auge de la cofradía sevillana.

Siguiendo el relato del propio Carrero en La Hermandad de las Penas: Su Historia, Comas le mostró una fotografía de la cruz y también sobre el deteriorado estado en la que se encontraba la misma. En el verano de 1966, otro hermano de las Penas le facilitó a Juan Carrero una serie de fotografías que confirmó del extraordinario valor de la cruz. Ese hermano era el músico Antonio Pantión, autor de la archiconocida marcha de procesión Jesús de las Penas, y que había acudido a Écija para el acompañamiento musical en algún acto litúrgico.

Después de esto los acontecimientos se precipitan. Comas se ofrece a trasladar la cruz a Sevilla. En marzo de 1967 llega la cruz a San Vicente donde los miembros de la Junta de Gobierno constatan tanto la riqueza de la obra como su mal estado. A principios de abril, el cabildo de la hermandad ecijana autoriza la venta y un grupo de donantes de las Penas hacen entrega de una señal de 15.000 pesetas. Ese mismo mes, el arzobispado autoriza la compraventa entre las dos organizaciones religiosas y a finales de mes se cierra el acuerdo al entregarse la cantidad restante (110.000 pesetas).

Jesús de las Penas
con la cruz de San Juan
(cuestiondecofradias.blogspot.com)
Por 125.000 pesetas se marchó para siempre esta joya de incalculable valor. Una pérdida irreparable para el patrimonio ecijano. Si os sirve de referencia, el coche más popular en la década de los 60, el SEAT 600, costaba entre 60.000 y 80.000 pesetas; un trabajador medio podía tardar más de cuatro años en alcanzar esa cifra y podía ser suficiente para comprar un piso pequeño o una casita en barrios periféricos o en zonas rurales o la entrada de un piso en un capital como Madrid y Barcelona.









BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA

Carrero Rodríguez, J. (2000). La Hermandad de las Penas: Su historia. Hermandad de las Penas de San Vicente.

García León, G. (1993). La cruz de las Penas de San Vicente. Laboratorio de Arte, (6), 305–310.

Rodríguez, J. A. (2017, enero 10). Así llegó la cruz de carey a las Penas de San Vicente. ABC.


sábado, 3 de mayo de 2025

Villegas Marmolejo, pintor renacentista en Écija

Pedro de Villegas Marmolejo fue un pintor sevillano renacentista que, además de su trabajo en este arte, también tuvo su reconocimiento como escultor, policromador y retablista. En su biografía se puede descubrir un perfil de persona culta, humanista bien instruida, con relaciones con los grandes políticos de la época (es conocida su amistad con Arias Montano, que ocupó cargos destacados con Felipe II) y reconocido coleccionista de obras de artes.

A pesar de este extenso currículum y de la calidad de su producción, la obra de Villegas Marmolejo no es tan conocida como podría esperarse. Esto se debe, en primer lugar, a que en líneas generales el Renacimiento sevillano quedó a la sombra del Barroco, una etapa tan destacada con Velázquez, Murillo, Zurbarán... que eclipsó todo el arte anterior. También porque después de muchas vicisitudes (conflictos, incendios, desamortizaciones...) gran parte de sus cuadros han ido desapareciendo.

No obstante, cualquier estudioso de arte y, más en concreto, de la pintura reconoce a Villegas Marmolejo como un pintor destacadísimo de su periodo. Bebió de las influencias de la época pero con la capacidad para crear un estilo propio y adaptarlo a su lenguaje. Se le considera un pintor romanista, esto es, inspirado en las ideas del Renacimiento italiano al que dotó de detallismo, del uso de colores sobrios y de un gran esfuerzo por conseguir armonía a través de la composición.

En la provincia de Sevilla y en su capital se conservan algunos ejemplos de sus obras. En el retablo de la Visitación de la Catedral de Sevilla dejó constancia de su capacidad para aunar pintura y escultura pero existen otros ejemplos como la Anunciación de la iglesia de San Lorenzo o varias obras para el Hospital de las Cinco Llagas. En el caso de Écija, durante toda su trayectoria profesional realizó varios encargos. Muchos de ellos se concentran en la década de 1570 donde realiza las pinturas del retablo de San Lorenzo para la iglesia de Santa María, trabaja en el dorado y estofado del retablo de San Marcos de la iglesia de Santiago y lleva a cabo el retablo (hoy desaparecido) para el sagrario de la iglesia de Santa María.

En cualquier caso, dos de sus obras más destacadas no sólo en Écija sino en toda su producción, las ejecutaría casi veinte años antes. Se tratan de dos cuadros con la misma temática, Cristo como fuente de la Vida, que realiza para las iglesias de San Gil y Santa Cruz en 1554 y 1555 respectivamente. Estas obras, cargadas de simbolismo cristiano, representaban la idea de que sólo a través de Cristo se podría alcanzar la Salvación. En su estudiada composición, Cristo aparece en el centro del cuadro y sobre una fuente mientras de las heridas de su cuerpo mana sangra. La fuente representaba el Bautismo y la Redención. La sangre es recogida con cálices y vasos sagrados por una galería de personajes que representan a la Iglesia (sacerdotes, obispos, cardenales e incluso el Papa).


martes, 22 de abril de 2025

Que vuelva el tren a Écija...pero con matices

Estoy seguro que muchos de vosotros, al igual que nos ha pasado a nosotros, habéis escuchado a algún vecino de la ciudad de Écija anhelar el regreso de la línea ferroviaria que durante casi cien años, desde finales del siglo XIX y hasta la década de 1970, existía en nuestra ciudad: "¡qué cómodo sería viajar en tren hasta Sevilla!". Hace poco nos llegó una imagen que nos traía los precios y el trayecto que componían la línea desde Écija hasta la capital lo que nos llevó a pensar que, como ocurre en muchas ocasiones con lo que no se tiene o con lo que se pierde, tal vez tendemos a idealizarlo sin reparar en inconvenientes.

La llegada del tren a Écija hay que ubicarla en la segunda mitad del siglo XX. Los últimos veinte años del siglo, incluso un poco antes, desde la llegada de la Restauración (1875), se produce el mayor impulso del ferrocarril en Andalucía. En 1878 se inauguraban los cuarenta kilómetros aproximados que separaban la ciudad con la localidad de Marchena. Con este trayecto, Écija quedaba unida por ferrocarril a la capital aunque con un solo tren por día.

La salida desde la estación comenzaba minutos antes de las cuatro y media de la madrugada y, después de pasar por La Luisiana y Fuentes de Andalucía, se desplazaba hacia el sur para detenerse en Marchena, Utrera y acceder a Sevilla capital desde el sur, justo tras realizar una última parada en Dos Hermanas. Si tomamos como referencia el horario oficial, cualquier pasajero que partiera desde la estación de Écija llegaría a Sevilla después de cinco horas que, sin embargo, suponía un notable avance si lo comparamos con las varias jornadas de camino que eran necesarias a caballo o en carro.

A partir de 1880, se inicia una segunda etapa de expansión del tren por Andalucía. De hecho, las combinaciones desde Écija se duplicaron en esta fase. La Compañía de los Ferrocarriles Andaluces inauguró en 1885 una nueva línea Marchena - Córdoba que, tras pasar por Écija, continuaba por Fuente Palmera, La Carlota, Guadalcázar...hasta Córdoba.




jueves, 10 de enero de 2019

Justo Morterero: buen padre, esposo y maestro


Cuatrocientos kilómetros separan la ciudad de Écija de la pequeña población de Trijueque, poco más de mil habitante, en la comarca de la Alcarria, provincia de Guadalajara. Allí nació y fue bautizado Justo José en septiembre de 1886, cuando nadie podía imaginar que su vida terminaría varias décadas más tarde, a punto de cumplir los cincuenta años, en el centro de la Campiña sevillana.

Justo, Morterero por parte de padre y Felipe por parte de madre, nació en el seno de una familia de la burguesía agraria de la región. Aquello le permitió recibir instrucción y en 1911 conseguir el título de Maestro a través de la Escuela Normal. No obstante, después de un tiempo como maestro auxiliar en Rentería (Guipúzcoa) decidió cruzar toda la península para trasladarse a Ceuta donde su hermano tenía una joyería. Justo conoció en Ceuta a Isabel, su futura esposa, con la que se casó en 1922 y con la que tuvo cuatro hijos. Además, a través de su matrimonio se convertía en concuñado de David Valverde, afiliado socialista que llegó a ser alcalde ceutí y fue fusilado durante la Guerra Civil, y de Emilio Millán, miembro de UGT y depurado tras la contienda.

Como su tía María, Justo era partidario de la renovación pedagógica que defendía la “Escuela Nueva”, que intentaba impulsar una educación basada en el interés de los alumnos a los que intentaba dotar de una posición activa en el aprendizaje. En 1924 fue nombrado maestro en Machinventa en Beasaín (Guipuzcoa), después en Rebollosa de Hita (Guadalajara) para estar cerca de su enferma madre y, después del fallecimiento de ésta, en 1933, en Écija. Como miembro de la FETE (Federación de Trabajadores de la Enseñanza) impartió curso de alfabetización a los adultos de la ciudad en la Casa del Pueblo.

El estallido de la guerra le sorprendió en Écija y, a pesar de que le pidieron que abandonara la localidad, Justo consideraba que no había cometido delito alguno para tener que huir a Portugal como le habían aconsejado. Un militar conocido de Ceuta, temiéndose lo peor, decidió llevárselo a la Remonta para evitar que lo fusilaran. Aprovechando la ausencia del militar, los falangistas sacaron del cuartel para trasladarlo a un edificio municipal. A finales de agosto, fue fusilado acusado de actos propagandísticos contra la Iglesia. Fue su hija Carmen la primera que recibió la noticia cuando le llevaba comida a su presidio. Durante varios días su hija ocultó la noticia a sus hermanos y a su madre, que embarazada de un quinto hijo, abortó tras recibir la fatídica suerte que había corrido su padre. Su cuerpo fue arrojado a una de las fosas comunes del cementerio municipal y su nombre figura en el monumento en homenaje a las víctimas de la Guerra Civil erigido en nuestra ciudad.



Absurdamente, después de haber sido fusilado, Queipo de Llano, General Jefe de Ejército Sur, suspendió de empleo y sueldo a Justo, y se le ordenó que contestara urgentemente a un cuestionario sobre su vida política y sindical. Su viuda, Isabel, escribiría una carta a su hermana en la que se preguntaba: ¿Por qué lo mataron si era un hombre honrado, buen padre, buen esposo y buen maestro? 

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA
www.todoslosnombres.org
www.pablomorterero.blogspot.com
www.gentesdeguadalajara.blogspot.com

miércoles, 2 de enero de 2019

El aislamiento de Écija


Hace unos meses os hablábamos en nuestro blog de Écija y las distintas epidemias de fiebre amarilla que padeció la ciudad durante las primeras décadas del siglo XIX. Cuando ocurría esto (y lo hizo en 1800, 1802, 1804,…) una de las primeras medidas que se tomaban era el cierre de la ciudad al contacto con vecinos procedentes de otros lugares infectados. Para ello, las numerosas puertas quedaban tapiadas y se reducían los accesos a sólo cinco en los que se apostaba una guardia bajo la supervisión continua de los principales de la ciudad (nobles, eclesiásticos y capitulares).

La situación era grave y no se andaban con rodeos. Por ejemplo, durante la epidemia de 1804 aquel que intentara entrar a la ciudad sería castigado con doscientos azotes y diez años de cárcel. Si lo que pretendías era salir de Écija, pagarías con tu vida tal imprudencia. A pesar de ello, había quien se arriesgaba. Por ejemplo, en 1800 una vez cerradas las puertas de acceso, se nombraron alcaldes de barrios que tenían como misión vigilar las entradas clandestinas a la ciudad así como denunciar a aquellos que caían enfermos, que eran enviados a los lazaretos, donde también eran obligados a permanecer los viajeros hasta comprobarse que estaban libres de la enfermedad

Resultado de imagen de ecija

No se hacía ningún tipo de distinción. La noticia del fallecimiento de tres monjes jerónimos en la epidemia de 1804 hizo que, a pesar de las quejas de la comunidad religiosa, se cerrara el acceso de la Puerta del Valle y que se aislara al monasterio, desprovisto a partir de ese momento de asistencia médica y abastecimiento de víveres. Por aquel entonces, el monasterio guardaba a la Virgen del Valle lo que provocó también la protesta del pueblo. Igual ocurrió con la zona de la calle Mayor que ante la acumulación de casos quedó abandonada a su suerte en ese mismo año.

El curso del río Genil era una frontera natural idónea para establecer un cordón sanitario que permitiera evitar que la epidemia siguiera avanzando. Cuando se hizo necesario, se aislaba completamente la ciudad y los controles se establecían no en las puertas de la ciudad sino en los límites del término municipal, incluso permitiéndose que la población trabajara los campos.  La soldadesca entonces se alojaba en cortijos que marcaban el límite con las poblaciones vecinas.

MARTÍN OJEDA, Marina, "Epidemias de fiebre amarilla en Écija. Años 1800 y 1804en Actas del V Congreso de Historia de Écija. Écija: Ayto.de Écija, 2000

martes, 21 de febrero de 2017

El porqué de una calle Nueva

El siglo XIX, desde el punto de vista urbanístico, es una etapa de apertura de grandes avenidas que pretendían la modernización de las ciudades y su adaptación a los nuevos tiempos. Durante este siglo se realizan la reforma urbanística de Haussman en París y en España los ensanches de Madrid planeado por Carlos María de Castro y de Barcelona por Ildefonso Cerdá. También a Écija llegaron estos nuevos planes urbanísticos y desde mediados de siglo se estudiaba la necesidad de abrir una nueva vía que mejorara la comunicación en el centro de la ciudad.

Aunque hacia 1850 ya se había planteado la posibilidad de abrir una nueva calle desde la Plaza Mayor hacia el Parque de San Pablo, el proyecto por el que finalmente se optó transcurría hacia el Cerro de la Pólvora. Las discrepancias personales y los problemas económicos retrasaron el inicio de las obras desde 1877 hasta 1883, cuando se dió el visto bueno al proceso de expropiaciones. Los objetivos eran claros: facilitar el tránsito de los carruajes hacia el interior de la ciudad, mejorar las condiciones higiénicas de la ciudad y, por último, reducir la distancia entre los puntos más alejados.


El proyecto definitivo que concluiría con la inauguración de la Avenida Miguel de Cervantes en 1912 mostraba varias ventajas. Con respecto a los gastos necesarios para la expropiación de bienes inmubles, en este área se concentraban varios solares propiedad del Ayuntamiento, además que comparada con otras posibilidades, el precio resultante era menor. Aún así, se intentaría ocupar el menor espacio posible de cada una de las propiedades.

Las razones de higienes también se tuvieron en cuenta. Hasta ese momento, en los meses de verano la atmósfera en la Plaza Mayor era denso y casi irrespirable debido a la ausencia de calles más amplias que provocaran corrientes de aire que "purificaran" el aire concentrado en la plaza principal y que no en pocas ocasiones hacía que los habitantes abandonaran el centro de la ciudad por el ambiente insalubre que se respiraba.

Por último, estaba las mejores de comunicación. Hasta la apertura de la Avenida Miguel de Cervantes, desde el sector sur el acceso a la plaza del pueblo sólo se podía realizar por dos calles estrechas: la calle Cintería y la actual calle Virgen de la Piedad. Evidentemente, ninguna de ellas era propicia para el paso de los carruajes al centro comercial de la ciudad por lo que abrir en el trazado urbano una avenida agilizaría la llegada de los transportes al centro urbano.

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA
www.iaph.es
LÓPEZ JIMÉNEZ, Clemente: Más allá de la ciudad barroca. La morfología urbana de la Écija contemporánea. Sevilla: Diputación de Sevilla, 2016
MARTÍN SOLER, Antonio, "La Plaza Mayor de Écija en la segunda mitad del siglo XIX" en Actas del V Congreso de Historia de Écija. Écija: Ayto.de Écija, 2000.
MÉNDEZ VARO, Juan: La Avenida Miguel de Cervanes. Écija: Asociación Amigos de Écija, 2011 
SAN MILLÁN GALLARÍN, Carlos,  "Actuaciones sobre el recinto amurallado de Écija en los siglos XIX y XX y incidencia en la etructura urbana". en Actas del V Congreso de Historia de Écija. Écija: Ayto.de Écija, 2000.

miércoles, 25 de enero de 2017

La repoblación cristiana de Écija

Hacia el año 1240 la ciudad de Écija es conquistada por Fernando III. Los habitantes musulmanes firmaron una capitulación con la que se aseguraban ciertas ventajas: mantener sus propiedades en la ciudad, conservar su status jurídico, su religión,...La entrega del alcázar de la ciudad simbolizó el fin de la etapa musulmana de Écija. Fernando III cedió la fortaleza a su heredero, el infante Don Alfonso quien , a su vez, se la entregó a su amigo Don Nuño González de Lara. La situación se mantuvo igual hasta cuarenta años más tarde cuando Alfonso X puso en marcha la definitiva ocupación de la villa con pobladores cristianos.

Añadir leyenda
Écija fue reconocido como señorío de realengo, es decir, lugar dependiente directamente del Rey quien entregó la villa a su esposa, Doña Violante. De hecho el alcalde de la villa, un tal Don Simón, lo era como representante de la Reina. Los repobladores de la villa fueron clasificados en grupos diferentes teniendo en cuenta su origen y su especialización militar. Aunque la mayoría formaban parte del pueblo como "peones", también participaron en el reparto un notable grupo de caballeros hidalgos y de caballeros ciudadanos. Estos últimos no eran nobles pero tenían recursos suficientes para mantener su caballo. En menor medida se encuentran sodados profesionales como los almogáraves o los adalides.

Para proceder al reparto y repoblación de la ciudad, se constituyó una comisión integrada por Martín de Fítero, arcediano de Córdoba; Juan López, escribano real; y el ya mencionado Don Simón, alcalde de la ciudad. Las tareas a realizar fueron varias. Se dividió la zona urbana en cuatro partes que, en realidad, venían a coincidir con los cuatro cuadrantes resultantes del cruce de las dos vías principales que se habían conservado de época romana. A cada parte le correspondió una de las parroquias: Santa Cruz, Santa María, Santa Bárbara y San Juan. Posteriormente, se procedería al reparto de casas entre los nuevo pobladores y, alejándonos poco a poco del centro urbano, a señalar el "término de la legua" - un círculo trazado alrededor de la ciudad con una legua de radio -, las treinta y dos aldeas que se organizaron en el término de Écija y la delimitación de dicho término con respecto a las otras villas colindantes.

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA
MITRE, E., La España Medieval. Madrid: Istmo, 1999.
GONZÁLEZ JIMÉNEZ, M., "Repoblación y repartimiento de Écija" en Actas del I Congreso sobre Historia de Écija. Bimilenario Colonia Augusta Firma Astigi. Tomo I. Écija: Ayto. de Écija, 1988.
SANZ FUENTES, M.José, "Repartimiento de Écija. Estudio y edición" en Historias. Instituciones. Documentos. 3. Sevilla: Universidad de Sevilla, 1976. 

martes, 3 de enero de 2017

La extensión de Astigi

"En este pueblo levantas cuatro piedras y te encuentras un mosaico". Esta frase (en sus distintas versiones) no es más que una exageración que tiene como base la realidad de la riqueza arqueológica del suelo donde se alza hoy en día la ciudad de Écija. La pregunta ahora es cuál fue la extensión de la Astigi romana, qué parte de la actual Écija hunde sus cimientos sobre la colonia augusta,...Según Rodríguez Tremiño, la ciudad romana ocuparía unas 66 hectáreas. Como en otras ciudades romanas, la topografía de Astigi era prácticamente llana, con la excepción del Cerro del Alcázar, limitada por dos cauces fluviales, el Singilis (río Genil) en el este y el arroyo Argamasilla al sudoeste. Las mismas características coinciden en Cesaeraugusta (Zaragoza), Emerita Augusta (Mérida) o la más cercana Híspalis (Sevilla).

Calzada romana en calle Fernando Labrada
Calzada romana en c/Fdo.Labrada | Foto: Romero-Carrasco, 1993, op.cit
Para delimitar el contorno de Astigi, en un principio se tomó como referencia la muralla que rodea a la ciudad. Sin embargo, testimonios literarios recogen la destrucción de la antigua cerca romana en el siglo X por Abderramán III, como castigo a la rebelión de la ciudad contra Córdoba. A pesar de ello, al este y al norte coincidirián los límites de la urbe. En el sector oriental, en la calle la Puente se han encontrado restos de vivienda en el lado más alejado del río que no aparecen en el lado contrario y que, por tanto, parecen demostrar que aquí terminaba la ciudad. En la zona de la Calzada, el núcleo se expandió en los siglos II y III en paralelo a la calzada que salía de la ciudad en dirección a Mérida.

En la zona occidental, los límites no coinciden con Puerta Cerrada sino que van más allá, hasta la calle San Juan Bosco, lo que reduciría la enorme distancia que en otras hipótesis quedaba entre la ciudad y el anfiteatro. Los hallazgos de lápidas y tumbas en la calle del Carmen y en la Avenida de los Emigrantes confirman esta extensión. Por último, hacia el sur, la ciudad crecería hasta el arroyo aunque es poco probable que esto ocurriera desde el momento fundacional. Más bien, fue fruto de la expansión de los siglos II y III. Al otro lado del cauce, en la zona hoy ocupada por la Avenida Cristo del Confalón, se edificarían villas suburbanas.

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA
RODRIGUEZ TEMIÑO, José Ignacio, "Notas acerca del urbanismo de la colonia Augusta Firma Astigi" en Actas del I Congreso de Historia de Écija. Écija: Ayuntamiento de Écija, 1988 
ROMERO PAREDES, C. y CARRASCO GÓMEZ, I. (1993b): “Excavación arqueológica en c/ Fernando Labrada s/n. de Écija (Sevilla)”en AAA’93.III, 736-741.
SAÉZ FERNÁNDEZ, P., ORDOÑEZ AGULLA, S., GARCÍA VARGAS, E., y GARCÍA-DILS DE LA VEGA, S. Carta Arqueológica Municipal de Écija. Junta de Andalucía. Consejería de Cultura, 2004.

domingo, 4 de septiembre de 2016

Los regadíos medievales de Écija

"Muchas veces el sonido que estas ruedas hacen se oye a gran distancia, mayormente de noche, que parecer hacer concordancias con la música"
          (Pedro de Medina).

Así describía Pedro de Medina en el siglo XVI los alrededores de la ciudad de Écija, ocupados por numerosos campos de riego gracias a las aguas del Genil. Aunque no podemos tener un conocimiento exhaustivo de los cultivos de aquella época, sabemos por las fuentes documentales que existían considerables extensiones de huertas en el ruedo de la ciudad y en ambas orillas del Genil. Las fuentes  nombran algunas huertas que hoy podríamos identificar como la Alcarrachela, Cuarto, Isla Rendonda o el pago de Alhocén.

Fuente de los Cristianos | Foto: Conocetusfuentes.com
A diferencia de la visión tradicional de campos de regadíos creados por los musulmanes y abandonados por los castellanos al finalizar el periodo de la Recoquista, lo cierto es que la superficie regada artificialmente no sólo se mantuvo tras la marcha de los musulmanes sino que se amplió al roturarse nuevas tierras que, sin embargo, nunca (hasta fechas más recientes) superaron un porcentaje bastante reducido en comparación con el total de la superficie cultivada, alrededor del 0,7%

Los sistemas para asegurar el abastecimiento de agua eran variados: aceñas, galerías, acequias, albercas,...pero, sobre todo, las norias. Entre las norias se distinguían entre norias de vuelo, aquellas movidas por corrientes de agua, y norias de sangre, movidas por animales de tiro. No obstante, teniendo en cuenta la extensión de la zona de cultivo ecijana (hasta 250 metros de anchura en muchos puntos a lo largo del río) la más utilizada era la noria de vuelo. Este tipo de noria necesitaba de la construcción de presas en aquellos cursos de agua donde la corriente natural era insuficiente para mover las grandes ruedas de arcaduces o canjilones. Se creaba un canal de albañilería sobre el que se colocaba la rueda. Bien construida, una de esas norias podía tener una vida de aproximadamente dieciocho o veinte años.

Noria de vuelo en el Bajo Genil | Foto: Albendindesdelatorre.blogspot.com

Con estas obras de ingeniería no sólo se abastecía a cultivos hortofrutícolas sino también a campos de cereal, olivares, lino, leguminosas,...o algodón, cultivo propio del área urbana de Écija que, de hecho, era conocida como Medina Alcotón por parte de los musulmanes. Los campos tenían rendimientos altos para la época y, aunque no poseemos datos completamente fiables sobre la productividad de estas propiedades, la hipótesis más plausible defiende unos rendimientos de cuarenta por uno y de tres o cuatros frutos por año en las huertas.

Otro hecho que incide en el gran valor de estos campos es el interés de las grandes fortunas por hacerse con estas propiedades, algunas en manos de pequeños o medianos propietarios. Los tribunales de agua constituían el último recurso para defender los intereses de los propietarios, además de encargarse del correcto uso del agua y la mejor distribución posible de los turnos de riego. Además, en el caso de Écija se hace referencia también a los Alcaldes de Río, con la función específica de evitar los altercados, en algunos casos saldados con muerte, que se producían en relación con el uso y disfrute de las aguas y, que, por simple lógica, aumentaba sobremanera durante los periodos de estiaje.

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA
MITRE, E., La España Medieval. Madrid: Istmo, 1999.
RODRÍGUEZ MOLINA, J., "Los regadíos bajomedievales en Écija" en Écija en la Edad Media y Renacimiento. Actas III Congreso de Historia. Sevilla: Ayto.de Écija, 1993. 

jueves, 28 de julio de 2016

Écija andalusí (y IV).

Almudena Gómez Granados (Écija, 1997). Estudiante del Grado de Arqueología en la Universidad de Sevilla. También antigua alumna en el IES San Fulgencio y en el Conservatorio Elemental de Música Fray Juan Bermudo. Principiante en el mundo de la arqueología y con aspiraciones a conocer en profundidad la historia romana y andalusí. Esta serie está basada en un trabajo de clase para la asignatura Historia Medieval.


POBLACIÓN
Hay cierta heterogeneidad en cuanto a los componentes étnicos y culturales. En primer lugar, permanecería un substrato preislámico de hispano-visigodos que serían los futuros muladíes. Quizás estos serían el componente más numeroso de la población. Otros substratos que llegaron con la conquista sería de origen sirio y beréber. 

El arqueólogo y arquitecto Torres Balbás propuso una fórmula para determinar la población de una ciudad. Para ello calculó que la vivienda media poesía unos 170 m2. Entendemos entonces que el recinto murado de Écija, según los autores de la Carta Arqueológica, era de 42 hectáreas aproximadamente. Con ello podemos calcular que la población pudo llegar a alrededor de unos 18.000 individuos.
 
Hallazgos en Plaza de España. Fuente: García Baena, A. (2006) Écija musulmana, ulemas y familias. Asociación Cultural Ecijana "Martín de Roa".
Sabemos que de esta población un gran número de soldados participaron durante el reinado de Muhammad I en una campaña contra Yiliqiya (Galicia) en el 249H./863, entre otras poblaciones que también aportaron soldados como Ilbira, Cabra, Morón o Algeciras.

Los ulemas fueron personajes intelectuales que vivieron en esta medina andalusí. Gracias a los estudios onomásticos y biográficos de al-Andalus trabajados por el CSIC conocemos nombres y datos biográficos como fechas (en Hégira y en cristiana) de nacimiento, defunciones y aspectos de sus vidas relacionados con Istiyya.
 
Entre otros personajes concretos encontramos nombres de gobernadores de la cora de Écija, jefes de mercenarios, imanes, cadíes, hijos de libertos de Écija, o un individuo llamado Ismail ben Isháq Ibn al-Tahhán que escribió Kitáb fi rival al-Istiyya, una obra perdida sobre la vecindad de Écija en el período de los Omeya. Además, en los datos estudiados aparecen en mayor medida profesiones como escritores, matemáticos, poetas, cadíes, jefes de policías (sahib as-surta) o teólogos.

En cuanto al número de ulemas y cadíes por provincias entre fines del siglo IX e inicios del siglo X en Écija se encuentran datos de 53 personajes, superando considerablemente la media de las grandes ciudades andalusíes. quedando por encima Saraqusta (Zaragoza), Ilbira (Elvira) o Tulaytula (Toledo) con 86 personajes y, a su vez, encontrándose más que en Isbiliya (Sevilla) con los datos de unos 42 individuos.

Aunque hay escasa información, se han realizado breves estudios sobre las familias ecijanas que pudieron estar presentes entre las que se encuentran: la familia Azhar, la familia ‘Amrus, la familia al-Muradi, la familia Hazm, la familia Jalid, la familia ‘Asim, la familia ‘Aysum, la familia Mahamis o la familia Nasri

ECONOMÍA
 La economía se basaba en la agricultura. La producción cerealística cumplía un papel fundamental. Su evidencia es el apellido “al-Barraz”, cuyo significado es “comerciante de granos” (Valencia, 1988). El trigo y la harina era la base de la que se sustentaba la población. La obtención de la misma se hacía a través de ingenios hidráulicos situados en el curso del río Genil.

Junto a los cereales tuvo gran importancia el olivo. Al-Gassani nos deja por escrito que en las 8 millas que se recorrían desde Marchena a Écija abundaban olivares y en cada bosque de esos había un almacén de aceitunas y una vivienda para los encargados. También, a partir de Écija y durante nueve días de camino había olivos por los cuatro lados del caminante. Con tres procedimientos de fabricación obtenían tres tipos de aceites diferentes: Zayt al-ma’ o aceite al agua, zayt al-masara o zayt al-badd o aceite de prensa, zayt al.mat.buht o aceite cocido. El cultivo del olivo estaba asociado al de la vid, bien para el consumo del alcohol o para la producción de pasas.

Elementos cerámicos: candil, dos jarras y un fragmento de ataifor | Foto: Almudena Gómez
 
También nuestra ciudad era importante productora de algodón, miel, pasas, azafrán, miera, resina, cera, almendra, castaña y lino o el cultivo de la higuera. En ganadería el autor Ibn ‘Idari afirma que en la zona de Istiyya abundaban las cabezas de ganado bovino y ovino superando las 50.000 cabezas.
La actividad comercial tuvo una gran importancia. Según al-Himyari afirma que el nombre de nuestra villa significa “posee todas las cosas necesarias”, ya que reunía todo tipo de recursos y de ventajas.

Igualmente, hay constancia de la presencia de una alhóndiga (al-funduq), lugar donde se guardaban los productos comerciales para su menudeo. También eran lugares donde se hospedaban los comerciantes. La ubicación de esta sería, al oeste de la actual Iglesia de San Francisco.

Para la labor de las tierras se construyeron norias junto al río Genil con el fin de distribuir el agua para el riego de algodonales y las huertas. Para el aprovisionamiento de agua conocemos dos inscripciones cúficas hoy ubicadas en la torre de la Iglesia de Santa Cruz que narran las órdenes de dos califas para la edificación de dos obras de ingeniería hidráulica. Una de ellas fue una fuente en febrero del año 930, donde una construcción fue solicitada por el califa Abd al-Rahman III y otra por Subh, la sayyida o esclava favorita de al-Hakam II y madre del califa Hisham II, que ejercía cierto poder de influencia en la política. A día de hoy no se han encontrado la ubicación de estas. 

CONCLUSIÓN
Cabe destacar que a diferencia de Isbiliya (Sevilla), Istiyya redujo el espacio amurallado con respecto al romano. También debemos recordar que las medinas de Isbiliya y Qurtuba fueron de mayores dimensiones. Sin embargo, en síntesis, con este trabajo se puede constatar la importancia que ejerció Écija en al-Andalus: una medina con numerosos ulemas, siendo una de las primeras ciudades invadidas po rla cultura musulmana, con una situación estratégica entre Isbiliya y Qurtuba y posicionada junto al río Genil, una zona fértil, defensiva, y también clave para el transporte y comunicaciones.

BIBLIOGRAFÍA DE LA SERIE

Valencia Rodríguez, R. (1988) Los territorios de la Cora de Écija en época árabe. Actas del I Congreso de Historia de Écija, 315-336.
Hernández Díaz, J., Sancho Corbacho, A., Collantes De Terán, F. (1995) Catálogo Arqueológico y Artístico de la provincia de Sevilla. Sevilla: Diputación. Vol. III, 211-231.
Excmo. Ayuntamiento de Écija. (1991) "Écija en la Edad Media y Renacimiento" Actas del III Congreso de Historia.
García Baena, A. (2006) Écija musulmana, ulemas y familias. Asociación Cultural Ecijana "Martín de Roa".
Sáez Fernández, P., Ordóñez Agulla, S., García Vargas, E., y García-Dils de la Vega, S. (2004) Carta Arqueológica Municipal de Écija. La ciudad.
Freire Gálvez, R. (s.f) Écija, lo que perdimos y lo que no conocemos, cap III.
Turismo Écija. Ayuntamiento de Écija.  Recuperado de http://www.turismoecija.com/arqueologia.php
Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico. Recuperado de http://iaph.es/ecija
Museo Histórico Municipal de Écija.